FRANCISCA MATEOS RODRÍGUEZ

  Francisca MateosFRANCISCA MATEOS RODRÍGUEZ nos legó su honestidad y honradez, su alegría por sentirse viva, su contribución a una sociedad más justa y tolerante, su esfuerzo por entregar a las futuras generaciones un mundo mejor, su dedicación al trabajo y su entrega a los demás.

 Esta Fundación quiere transmitir a las nuevas generaciones el legado de aquella mujer que fue para nosotros madre, amiga, maestra, una referencia moral, ética y cultural, que nos enseñó a vivir y a pensar, el faro capaz de iluminar a otros hombres, de darles valor y esperanza. Dª. Francisca Mateos Rodríguez llevó una vida ejemplar y consecuente con su firme creencia religiosa.
 

 

NACIMIENTO Y JUVENTUD

Francisca Mateos Rodríguez nació en Serradilla (Cáceres-Extremadura), el día 28 de Febrero de 1904.


Su padre,
D. Francisco Mateos


Su madre,
 Dª. Florencia Rodríguez


Casa donde nació Dª. Francisca, en la calle del Aromo (Serradilla)


Serradilla (Cáceres)

 Hija de labradores, comenzó a estudiar a los 22 años rodeada de la incomprensión y falta de ayuda de una sociedad que la ahogaba, y que calificaba de excentricidad sus ansias de superación personal.
A pesar de las muchas trabas que encontró en la sociedad de la época, que no admitía la posibilidad de que una mujer se entregara a los estudios, pudo compatibilizar sus responsabilidades en el hogar con su preparación académica. Concienciada de que la única manera de que su vida trascendiera fuera de los límites de su pueblo era el estudio, llegaba al extremo de ocultarse con los libros para no ser objeto de chismorreos públicos (propio una localidad rural de la sierra de Extremadura a comienzos del siglo XX). En aquellos momentos sólo pudo encontrar la complicidad en una estampa con la imagen del Stmo. Cristo de Serradilla, insignia de la fe serradillana. "Nadie quiere ayudarme. Tu serás mi maestro" - dijo Francisca Mateos mirando la estampa. Su complicidad con aquella estampilla se convirtió en fe, y aquella fe le ayudó a conseguir todo aquello por lo que luchó desde su juventud. Autodidacta, en un principio, logró aprobar con brillantez  la carrera de Magisterio en Cáceres (1930). Gracias al título obtenido pudo emplearse como profesora en Cáceres, logró salir de su pueblo y ayudar económicamente a la familia con su sueldo.

A pesar de gozar de un buen prestigio entre la sociedad, los profesores tenían fama de tener una profesión mal remunerada y sacrificada. La situación de España era precaria y la labor docente era vital para el futuro inmediato del país. A la difícil coyuntura ya existente se sumó la guerra civil, que terminó por destruir la frágil estructura existente. Durante la guerra, Francisca Mateos ejerció como profesora y directora en un grupo escolar de Valencia de Alcántara (Cáceres).

 

UN SOLO HOMBRE EN SU VIDA: D. BELISARIO SÁNCHEZ GÓMEZ.

Finalizada la contienda, contrajo matrimonio con D. Belisario Sánchez Gómez en Julio de 1939.
Fue realmente complicado compatibilizar trabajo, hijos y matrimonio. Los traslados laborales de D. Belisario (Salamanca, Murcia y finalmente Madrid), obligan a la familia a cambiar de domicilio y a buscar nuevas plazas vacantes entre los centros escolares de la región. 

Finalmente, tras aprobar diversas Oposiciones, fue destinada a Madrid, donde coincidió con el destino de su marido y ejerció como Directora de Grupos Escolares hasta su jubilación.

En Madrid, el matrimonio con los tres hijos se alojan en  la calle Barbieri , mudándose posteriormente a un pequeño chalet de Ciudad Jardín y, finalmente, a un chalet de protección pública en un barrio recién construido en Carabanchel. Cuando ya todo apuntaba a una estabilidad familiar, la muerte de D. Belisario le sorprende un 17 de Septiembre de 1954, dejándole viuda y al cargo de toda una familia s sus 50 años. Sin tiempo apenas para disfrutar de la vida en familia, Dª. Francisca tuvo que sufrir el luto en silencio, y cargó con todas las responsabilidades en solitario. La vida debía continuar.

 

LOS HIJOS

Fruto de esta unión nacieron sus tres hijos: Elvira, Belisario y Ángel. Cada uno de ellos podría escribir su propia biografía, ya que la influencia de sus padres ha impreso en cada uno unas cualidades humanas y profesionales extraordinarias. A pesar de haber vivido la post-guerra y haberse quedado huérfanos de padre tan pronto, lograron superar sus estudios con brillantez y convertirse en destacados profesionales.


Sus hijos Elvira (centro),
Belisario (izq.)
Ángel (der.)

 

LA ESCUELA

Las circunstancias de la post-guerra convierten a las escuelas en auténticas casas de acogida. Dª. Francisca Mateos eleva entonces su profesión a términos heroicos, acogiendo, enseñando y alimentando a su alumnado con los pocos recursos de los que dispone. Su profesionalidad, humanismo y carácter alcanza una cualidad memorable. En la actualidad todavía quedan personas que pueden dar testimonio del cariño y agradecimiento hacia ella. Sus alumnos fueron conscientes de que ella siempre luchó por conseguir todo lo mejor para ellos. Su trabajo no terminaba en las aulas, ya que tuvo que luchar contra las duras circunstancias de la vida y contra la cerril burocracia administrativa. Los poderes públicos invirtieron grandes sumas de dinero en monumentos, campañas militares, festejos y acontecimientos, mientras en la Escuela Pública los niños presentaban carencias nutritivas y sufrían de las penurias económicas de sus padres. Dª. Francisca Mateos recuperó escuelas de las ruinas, administró los recursos públicos con una efectividad increíble, sacando más rendimiento del que se podría esperar. Como responsable del colegio, siempre fue la primera en dar ejemplo a los demás, no amilanándose ante las dificultades y mirando siempre hacia delante. Si el problema era escolar, se preocupaba por las circunstancias personales del alumno: o bien utilizaba su despacho como aula para ayudar al niño en sus estudios, o bien se preocupaba personalmente por la situación de sus padres. Su despacho nunca fue un sitio destinado al castigo o a la recriminación, sino a la audiencia y a la comprensión. A diario tenía que abandonar el despacho para ponerse el delantal y convertirse en ayudante de cocina o camarera, para servir personalmente la comida de los críos. En mas de una ocasión la visita del inspector de educación le sorprendía con el delantal puesto. La alimentación era un tema primordial en el desarrollo de estos niños, y ella siempre puso todo el empeño para que no les faltara de nada. Y con ese empeño abrió todas las puertas que se le pusieron en el camino, desde inspectores hasta ministros o alcaldes.
Su labor docente fue excelente porque reunía todas las buenas cualidades de un buen profesor : vocación, una buena preparación obteniendo las mejores notas en las oposiciones, inteligencia, gran capacidad para comprender y analizar, paciencia, sensibilidad y carisma. Su inquietud por aportar ideas con el propósito de mejorar el sistema educativo era constante. Su experiencia y su tenacidad, unida a sus logros profesionales, le otorgaron el respeto y la admiración de los Organismos Públicos, que siempre le tuvieron como un referente en la materia. Donde siempre había una puerta cerrada, ella lograba encontrar la llave para abrirla y resolver un problema. Cuando se trataba un asunto vital o de justicia nunca aceptaba una negativa por respuesta. Insistía por uno u otro lado hasta que se solucionaba. Su cercanía a la gente, que siempre acudían a ella para contarle sus problemas, le hizo un personaje muy querido en cualquiera de las localidades o barrios en los que trabajaba.
Fue pionera en Incorporar el ajedrez a las tareas escolares para potenciar el uso del cerebro y, su preocupación por la manutención de los niños llegó hasta tal punto, que llegó a construir sus propios huertos para facilitar el autoabastecimiento y aliviar la contabilidad del centro.


Escuela Unitaria de Cáceres
1934-1935


Valencia de Alcántara
1938-1940


Puente Tocinos 1943


Chamartín de la Rosa (Madrid)
1944


Francisca Mateos Rodríguez


Grupo Escolar Legado Crespo (Madrid) 1964


Primera Comunión alumnos Agrupación Escolar República Dominicana

Con los profesores de la Agrupación Escolar República Dominicana (Madrid 1970)

Primera comunión de los niños del CEIP Antonio Machado (Madrid)

 

ARTÍFICE DEL C.E.I.P. ANTONIO MACHADO

Obsesionada por la Cultura, luchó denodadamente contra el analfabetismo, desde su raíz, ampliando las plazas escolares. En 1968, cuando ya contaba con 64 años y siendo Directora-propietaria del Grupo Escolar República Dominicana (Madrid), toma la decisión de fundar un nuevo Grupo Escolar en Carabanchel (Madrid). Siendo consciente de las carencias que existían en el barrio en el que residía, acudió al Ayuntamiento para solicitar los permisos y las ayudas correspondientes. La falta de recursos en el Ayuntamiento del Distrito le obstaculizaron en un principio el proyecto: no existía dinero ni terreno. Sin embargo, esto no supuso que Dª. Francisca desistiera. Conocía muy bien el barrio y sabía que existían terrenos de titularidad pública en la zona, aunque desconocía exactamente sus límites. Del Ayuntamiento sacó la promesa de concederle todo el terreno público que encontrase en la zona. Y, lanzado el reto, se dirigió al registro de la propiedad y estudió todos y cada uno de los planos, hasta que localizó la superficie que necesitaba. Poco tiempo después ella misma se encargó, con el plano en una mano y la azada en la otra, de acotar el terreno disponible. Hasta el momento de empezar las obras pertinentes, se hicieron huertas para empezar a garantizar el autoabastecimiento del comedor. Con las huertas ya creadas y ante la urgente situación existente, se utilizaron barracones como improvisadas aulas. Aquel grupo escolar improvisado fueron las llamadas "Escuelas de Allariz", por estar situadas en la calle homónima. Con el tiempo, aquellas escuelas con 32 aulas se han ido modernizando. El Ayuntamiento y todos los vecinos quisieron otorgar el nombre de Francisca Mateos al Centro, pero ella declinó tal honor por considerarlo un culto personal innecesario. En su lugar propuso el nombre de Antonio Machado, poeta e intelectual represaliado por el régimen dominante. Aquella propuesta hubiera levantado una polémica de consecuencias nefastas, de no haber sido realizada por una persona de la autoridad moral y profesional de Dª. Francisca Mateos. Y, por complacer sus deseos, así se hizo. En la actualidad el C.E.I.P. Antonio Machado es un gran complejo escolar público que lleva mas de 40 años impartiendo la enseñanza. En 2008 se homenajeó a su fundadora y se descubrió una estatua con su nombre.

Si ya su vida profesional fue brillante y productiva, habría que añadir una trayectoria personal aún mas asombrosa. En la actualidad, las personas que le conocieron personalmente, todavía la alaban. Personas de todo tipo y condición: desde los que ocuparon cargos públicos, compañeros de profesión, vecinos, amigos, alumnos....Una autentica institución y un ejemplo personal por donde fuera. Siempre aportaba una solución para todo, un sitio en la mesa para el visitante, unas palabras de consuelo para el que las buscaba, tiempo para hablar y unir a las personas. Y, es que nadie como ella para unir. Su extraordinario carisma y su profunda fe en el Cristo de la Victoria le convirtieron en una gran humanista. Lejos de interpretar la vida desde un prisma de intransigencia religiosa, Dª. Francisca mantenía sus profundas convicciones religiosas respetando las ideas de los demás y predicando con el ejemplo. La Cultura no está reñida con la fe, y se puede aprender de los demás cuando existe una voluntad positiva. Esta voluntad positiva es la que une a las personas bajo un paraguas de amor, comprensión mutua y solidaridad.

 

FUNDADORA DE LA COFRADÍA DEL STMO. CRISTO DE SERRADILLA EN MADRID

Extremadura siempre ha llevado la etiqueta de ser "la cenicienta" de España. La pobreza y la falta de desarrollo de la región ha provocado la diáspora de extremeños a las grandes ciudades en busca de un futuro cierto. A Madrid llegaron multitud de extremeños en busca de trabajo. Tuvo que ser duro dejar el apego familiar y el campo, para asentarse en un laberinto de cemento y asfalto a más de 200Km. de su tierra. En Madrid todo resulta extraño y el desapego llega a convertir a la persona en un habitante, sin raíces ni costumbres. Con el tiempo se convierte en una crisis de identidad. Los que se han visto obligados a vivir en el extranjero conocen este extremo de primera mano.

Como humanista e intelectual, Dª. Francisca Mateos fue consciente de esta circunstancia porque ella misma la sufrió. Si en el extranjero el lazo de unión entre los españoles era la propia nacionalidad, en Madrid tendría que existir alguno para unir a los sufridos extremeños. Siendo Extremadura una región muy vinculada a sus creencias religiosas, el Cristo de su pueblo natal continuó siendo su maestro y aliado. En Septiembre de 1956 dos locutores de Radio Nacional de España entrevistan a Francisca Mateos acerca de la historia del Cristo de la Victoria y de su proyecto de fundar una Cofradía en Madrid en la cual pudieran reunirse no solamente los extremeños, sino cualquier persona que compartiera el principio fundamental de fraternidad, con el Cristo como nexo común. El proyecto de la Cofradía del Stmo. Cristo de Serradilla cumplió un doble objetivo dentro de la vida de Dª. Francisca: fue una plasmación de su gran devoción y de su gran labor humanista.
Como ya le estaba ocurriendo con su labor como Directora, las trabas empezaron a llegar desde los despachos. En una reunión, propone a la directiva de la Cofradía de la Virgen del Puerto de Madrid realizar una peregrinación a Plasencia y a Serradilla y la entronización de un cuadro del Stmo. Cristo da la Victoria en la Ermita que ellos tienen a orillas del río Manzanares. La respuesta es inmediata. Están encantados con la idea pero prefieren una escultura del Cristo en vez de un cuadro. Esta circunstancia le obliga a buscar un escultor que pudiera realizarle una copia, si no igual, lo más parecida posible del original existente en Serradilla (Cáceres). Tras varios intentos fallidos con grandes eminencias en el mundo del arte, logra contactar con D. Víctor González Gil en 1958, que acepta el reto por insistencia.
Francisca Mateos Rodríguez difunde la devoción al Stmo. Cristo de la Victoria entre los vecinos de su barrio y amistades personales. Con todos ellos realiza la primera peregrinación a Serradilla. Por otro lado, comienza las tareas administrativas de fundación con las autoridades eclesiásticas. Dichas tareas no se verán completadas hasta 1965, ya que el Arzobispado no para de presentarle todo tipo de trabas administrativas. Sin embargo, hasta esa fecha, en vez de desanimarse y abandonar el proyecto, lucha aún mas contra la adversidad. Desde que recoge la imagen del Cristo ya terminada en 1960, lucha por encontrar un sitio digno para su entronización. Al mismo tiempo, con la Cofradía ya funcionando sin los trámites burocráticos terminados, realiza peregrinaciones y difunde la imagen del Cristo por toda la geografía española, llegando incluso a encargar otra imagen, al mismo escultor, que lleva hasta Perú.
En 1963, tras larga búsqueda por todas las iglesias madrileñas, Francisca Mateos llega a la Parroquia de San Millán y San Cayetano de Madrid. La acompaña su hijo Belisario. La iglesia necesita restauración y el párroco aprovecha la ocasión para pedirle que a cambio tiene que reconstruir toda la capilla. Sin dudarlo, firma ella misma el contrato que le obliga a la reconstrucción y encabeza una campaña para recaudar los fondos necesarios. Gracias a la ayuda de su hermana Elvira logra terminar de pagar al escultor la imagen del Cristo, ya que se encontraba muy endeudada y agobiada, además, con el coste económico que representaba dicha obra artística. Gracias a las pequeñas aportaciones económicas que fue encontrando por el camino, a su empeño personal  y con la ayuda de sus hermanas, pudo ver materializados sus esfuerzos con la entronización de la imagen del Cristo de Serradilla en la capilla lateral de la Parroquia de San Millán y San Cayetano, donde hoy en día se le continúa venerando.
La Cofradía, aprobada por el Arzobispado de Madrid el 24 de Abril de 1965, ya contaba con numerosos miembros y simpatizantes. Como Fundadora, Dª. Francisca Mateos tuvo que sufrir la injusticia de no poder figurar como Hermana Mayor, debido a  su condición de mujer. Las mujeres no podían tener cargos directivos en una Cofradía. La falta de apoyos en su origen le dejó batallando en solitario, sin más ayuda que la de los miembros de su familia y los apoyos de los amigos, con el agravante de ser viuda, madre y pilar de dos Grupos Escolares. Aún así, todos sus proyectos se vieron culminados con éxito.

JUBILACIÓN

Después de 38 años ejerciendo el Magisterio y dirigiendo centros escolares, Dª. Francisca Mateos prensarecibió la jubilación en 1973, debido a una incapacidad física provocada por el exceso de trabajo. Los medios de comunicación se hacen eco de la noticia de su jubilación y llegan hasta su domicilio cientos de cartas procedentes de toda la geografía española. En las cartas hay felicitaciones, agradecimientos y reconocimientos a su generosa labor por los demás. Ella siempre se entregó a los demás al máximo, y es el momento de recibir las muestras de cariño de cuantos tuvieron el privilegio de conocerla. Se organizan multitud de actos en su homenaje a los que asisten profesores, directores, funcionarios públicos, periodistas, autoridades locales, cofrades, alumnos, vecinos, amigos, y familia. Las muestras de cariño son impresionantes.
A nivel institucional se organiza un gran homenaje oficial organizado por la Villa de Madrid, a la que se adhiere el Magisterio de todo el país, solicitando para ella la concesión de la "Medalla de oro" de la ciudad y la Orden de Alfonso X  el Sabio, distinciones que le fueron concedidas.  También obtuvo la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, en reconocimiento a su talento pictórico, y la Medalla de la Cruz Roja, por su labor humanitaria a lo largo de toda su vida.
Al contrario de lo que hace la mayoría de personas que se retiran del mundo laboral, ella continuó sus labores pedagógicas de forma altruista, colaborando con los directores, maestros y alumnos de los Centros Escolares en los que trabajó sin descanso. Al mismo tiempo, se dedicó con especial ahínco a la Cofradía que ella misma fundó. Su trabajo, aún estando jubilada, continuó en la sombra de manera un poco más relajada a consecuencia de su estado físico. Pero su mente seguía trabajando y esa preocupación por ser útil a los demás continuó intacta.

 

CIUDADANA DEL MUNDO

Una de las grandes aficiones que tuvo Dª. Francisca fue viajar. La jubilación le aportó tiempo para ampliar su experiencia fuera de los límites fronterizos. Quiso visitar in-situ todo aquello que durante su vida solo pudo consultar por libros y fotos, conocer a personas que viven otras culturas, otras religiones.
Durante los viajes nunca mostraba su cansancio, aunque a veces era evidente. Siempre estaba dispuesta para visitar lo que fuera, sin importar la dificultad del camino, el clima o la lejanía del destino. Solía ser la que animaba a los demás para continuar, la que siempre llevaba la guía del país y proponía las visitas. Una vez llegado al destino, era una persona que siempre aprovechaba cualquier momento para empezar a hablar con cualquier persona que encontraba a mano, aunque no hablaran en el mismo idioma. Muchas veces se podía llegar a creer en la telepatía, porque resultaba increíble ver como podía mantener conversaciones en español con personas que hablaban en otro idioma. Y se entendían, porque terminaban haciendo amistad y manteniendo correspondencia. Quien no entendiera el concepto de carisma, podría haber visto su representación en la persona de Dª. Francisca.
Su capacidad de adaptación a nuevas culturas era asombroso. Cuando la reacción general ante lo desconocido era la precaución y la observación, ella siempre se acercaba, preguntaba y atraía tras de sí a los demás. De esta manera, podíamos verla acompañando al Patriarca ortodoxo, o rodeada de jóvenes con melenas que le intentan explicar su forma de entender las cosas. La apariencia, la edad o la posición social nunca fue un obstáculo para la comunicación. La barrera del idioma la superaba con la predisposición al entendimiento, ya que existe el lenguaje universal de la vibración positiva de las personas. 


Con S.S. Pimen,
Patriarca ortodoxo ruso (1972)

En Leningrado

Con un representante de Mongolia

En Giza (Egipto)

 

SOLIDARIA CON LA JUVENTUD

D. Francisca Mateos fue una persona comprometida con la sociedad, y en especial con la juventud. Derribó las barreras generacionales y se interesó activamente por las inquietudes que rodeaban a los jóvenes. Exponía con libertad su punto de vista y compartía largas conversaciones aportando la experiencia que la vida le había otorgado. Entre charla y charla siempre encontraba el momento para fomentar el ajedrez entre sus contertulios.

 

AMIGA DEL COSMOS

Al carisma y enternecedor trato de Dª. Francisca no se resistieron ni los astronautas. Merced a las visitas que realizó a la URSS y a EE.UU., surgieron nuevas e interesantes amistades: investigadores, humanistas, maestros, arquitectos, millonarios...y astronautas !. De entre todos los personajes que conoció, mención especial merecen los astronautas que comandaron el Apolo 11 y, sobre todo, a la primera mujer astronauta de la historia, Valentina Tereshkova. Con esta última estuvo manteniendo correspondencia a lo largo de su vida.

 

SUS AFICIONES

Mujer sensible, cultivó las Bellas Artes, esencialmente la Música y la Pintura. Desde joven tuvo predilección por el violín, y posteriormente adquirió conocimientos de piano. Recibió clases de violín y compartió sus conocimientos entre los suyos y el que quiso aprender pero no contaba con recursos.
Con la música nunca tuvo otra pretensión que la de disfrutar activamente del Arte, y por ello ni participó en conciertos ni lo consideró como una oportunidad profesional más. La música le aportó un remanso de tranquilidad después de una dura jornada de trabajo y agotamiento psicológico.

Otra de sus aficiones fue el ajedrez. Son numerosas las ocasiones en las que se podía ver a Dª. Francisca sentada delante de una mesa y jugando al ajedrez.  Para ella el ajedrez era una "gimnasia mental", que potenciaba el intelecto. Por ello quiso fomentar su uso desde las escuelas. Y, con el tiempo, los expertos le han terminado dando la razón, aunque en la actualidad son todavía pocos los países que lo incorporan como una actividad de clase (solo en países que destacan por ser punteros en materia educativa).

Compatible con el juego del ajedrez era también las conversaciones de sobremesa. Eran muchas las visitas que llegaban a casa de Doña Paquita (como le llamaban en confianza) para sentarse a la mesa y dialogar. Las charlas se alargaban en el tiempo hasta que llegaba la noche, y a veces la madrugada. A pesar de llegar muy cansada del trabajo, siempre había una visita en casa y algún plato adicional en la mesa. Algunos venían a buscar consuelo, otros a buscar soluciones o  mediación, otros a contar su vida y otros simplemente a compartir buenos momentos. El caso es que raro era el día que ella llegaba del trabajo y no tenía alguna visita. Así, entre amigos y conocidos, pasaban los momentos más relajados de la jornada. Y juntos reían, charlaban o meditaban. De aquellas reuniones siempre quedaba algo positivo, ya fueran sonrisas o planes de futuro. 
 

SU LEGADO

Es de justicia el condecorar a las personas que destaquen por su valiosa aportación a la sociedad. Sin embargo, es notorio que existen grandes personalidades que, como Dª. Francisca Mateos, trabajaron en el anonimato y huyeron del culto a la personalidad. Miles de condecoraciones llegan a colgar en las costosas chaquetas de políticos, militares o coleccionistas por el mero hecho de ser gente cercana a quienes las otorgan. Muchos de estos galardones son otorgados en campos de batallas, bancos o dormitorios, sin que exista una aportación real a la sociedad.

Dª. Francisca Mateos dedicó toda la vida a los demás, y lo hizo de forma ejemplar, dejando un rastro de esperanza donde hubo ruina y desesperación. Transcurrió la mitad de su vida arreglando lo que destruyeron los galardonados militares que plagan con sus nombres las denominaciones de las calles: colegios, iglesias, hogares...Sin mas armas que la Cultura y el esfuerzo personal, esta mujer que nació en un pueblo humilde logró ganar el pulso a una sociedad intolerante con las mujeres y llegar a convertirse en un referente profesional y una humanista ejemplar. Si cualquier reconocimiento oficial era difícil de conseguir, ella por ser mujer, autodidacta, independiente y dedicada a su trabajo, lo tuvo aún mas complicado. Todos los reconocimientos que Dª. Francisca obtuvo en vida  fueron por clamor popular, puesto que ella nunca fue una persona que pretendiera tales honores. Negándose a participar en el juego de la vida, en el que todo el mundo hace trampas, su lema era: " La mejor condecoración es que nadie te haga bajar la mirada ". Y, esa fue su mejor condecoración.

Entre las condecoraciones que recibió a título oficial figuran la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio,  la Medalla al Mérito en las Bellas Artes y la Medalla de la Cruz Roja. Aparte,  recibió diversos Premios de Ajedrez, Diplomas y numerosos homenajes organizados por profesores, asociaciones y vecinos.

Serradilla se unió a dichos reconocimientos inaugurando el Parque Francisca Mateos, en el que fue erigido un monumento en su honor.



Parque y monumento en homenaje
a Dª. Francisca Mateos Rodríguez en
Serradilla (Cáceres)

 

 Tan importante como el reconocimiento institucional, ha sido el social. Siempre tuvo una solución para cualquier persona que solicitó su ayuda o su mediación. Son muchas las personas que hoy en día todavía agradecen la aparición en sus vidas de Dª. Francisca. En los archivos de esta Fundación figuran numerosas documentos en los que intercede ante personas u organismos públicos y privados para pedir justicia o favores, para solicitar trabajo, para solicitar el perdón..Eran personas que llegaban con auténticos dramas familiares y solo necesitaban una firma para solucionarlos. Pero algunas firmas eran imposibles si no existía una persona que fuera a buscarla. Y, sin otro medio más que el propio aval personal, son muchas las familias que salieron adelante gracias a su solidaridad y compromiso social. Su legado a cada una de estas personas fue su futuro.

Por último, y quizás el más valioso de todos los legados que nos quedan de Dª. Francisca Mateos, es el de los valores. Su vida ha sido un ejemplo vivo del triunfo personal a través del esfuerzo, la constancia y la templanza. Un ejemplo de lealtad absoluta a sus principios y creencias, al margen del culto personal y las pretensiones materiales. Un ejemplo solidario y humanista que facilitan la convivencia. Una pasión por la Cultura que posibilita la comunicación y el entendimiento entre las personas.

 Dª. Francisca Mateos Rodríguez fue y debe permanecer como un Patrimonio de la Humanidad. De ahí la razón de ser de esta Fundación abierta no solo a los que conocimos a FRANCISCA MATEOS RODRÍGUEZ sino a quienes, por su juventud, no tuvieron ese privilegio y deben conocerla.

 


 


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