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Después de 38 años
ejerciendo el Magisterio y dirigiendo centros escolares,
Dª. Francisca Mateos recibió la jubilación en 1973,
debido a una incapacidad física provocada por el exceso
de trabajo. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia de
su jubilación y llegaron hasta su domicilio cientos de
cartas procedentes de toda la geografía española. Cartas
de felicitación, de agradecimiento y
de reconocimiento por su generosa labor y dedicación a
los demás, muestras de cariño de cuantos
tuvieron el privilegio de conocerla. Se organizaron
multitud de actos en su homenaje a los que asistieron
profesores, directores, funcionarios públicos,
periodistas, autoridades locales, cofrades, alumnos,
vecinos, amigos, y familiares. Las muestras de cariño
fueron emocionantes.
A nivel
institucional se promovió un gran homenaje
oficial organizado por la Villa de Madrid, a la que se
adhiere el Magisterio de todo el país, solicitando para
ella la concesión de la "Medalla de oro" de la ciudad y
la Orden de Alfonso X el Sabio, distinciones que le
fueron concedidas. También obtuvo la Medalla al Mérito
en las Bellas Artes, en reconocimiento a su talento
pictórico, y la Medalla de la Cruz Roja, por su labor
humanitaria a lo largo de toda su vida.
Al contrario de lo que hace la mayoría de personas que
se retiran del mundo laboral, ella continuó sus labores
pedagógicas de forma altruista, colaborando con los
directores, maestros y alumnos de los Centros Escolares
en los que trabajó sin descanso. Al mismo tiempo, se
dedicó con especial ahínco a fomentar la Cofradía que ella misma
fundó. Su trabajo, aún estando jubilada, continuó entre
bastidores de manera un poco más relajada a consecuencia de
su estado físico. Pero su mente seguía trabajando y esa
preocupación por ser útil a los demás continuó intacta.
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